Asalto al poder

 

Democracia sí, plutocracia no

López Obrador enfrenta una de las contradicciones más problemáticas al interior del seno ideológico de su cuarta transformación: atender una política social que lleva por lema ՙՙPor el bien de todos, primero los probres՚՚ y al mismo tiempo escuchar los llamados de sus asesores empresariales, dentro de los cuales se encuentran: Ricardo Salinas Pliego (Presidente de Grupo Salinas); Bernardo Gómez Martínez (Copresidente de Grupo Televisa); Carlos Hank González (Presidente de Grupo Financiero Banorte y directo de Grupo Hermes); Daniel Chávez Morán (Presidente de Grupo Vidanta); Miguel Rincón Arredondo (Director de Biopappel); Sergio Gutiérrez Muguerza (Director de DeAcero) y Miguel Alemán Magnani (Presidente de Interjet).

Empresarios

La situación es complicada para el presidente. Es verdad que no puede emprender una lucha a muerte con la cúpula empresarial que lo asesora y que sirve como salvoconducto con los demás empresarios, pero también es verdad que sucumbir ante todas sus propuestas o pretensiones, sería atentar contra la sustancia de la democracia. Menos si infringe el bien de la ciudadanía.

Lo anterior lo digo porque últimamente en plena crisis pandémica a causa del coronavirus, Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca (una de las televisoras más poderosas del país) llevó a cabo una campaña de desprestigio en uno de sus noticieros estelares, en contra de Hugo López Gatell, subsecretario de salud. Su intento buscaba anteponer el lucro económico sobre la salud de los mexicanos, ninguneando el llamado del subsecretario de quedarnos en casa. Lamentablemente para el potentado del Ajusco, su intentona fracasó.

López Obrador no puede sacrificar la democracia emanada del consenso ciudadano por una plutocracia que emana del dinero. Tiene que equilibrar la visión de gobierno a la coherencia de su discurso. Limitar estrictamente todas las propuestas que no entren en la lógica de la emergencia nacional que se vive. El acto público y de gobierno, hoy más que nunca, debe estar guiado a la atención de los más desfavorecidos, no de los menos.

La transparencia es fundamental para construir una democracia incluyente en un país con millones en extrema pobreza y sólo unos pocos concentrando la riqueza del país. Podremos o no, compartir la visión de gobierno de López Obrador, pero la responsabilidad más grande que tenemos es con la democracia y no con los poderosos. Si se quiere un cambio, la única solución está en la organización civil y en ejercer el derecho al voto, citando a Thomas Piketty: «Ciudadanos, a las urnas».  Por el bien de todos, primero la democracia.

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