Justicia Selectiva

Cuando la ley no funciona tenemos que hacernos nosotras de las herramientas para exigir justicia.

Ha pasado más de un mes después de haber alzado la voz. El principio de una revolución se nota, el hartazgo de las mujeres hizo que el movimiento estallara a nivel nacional e internacional. Los lemas como: «vivas nos queremos «, «juntas somos más», «por una vida digna», entre otros, nos acompañan en un momento épico que va a seguir reproduciéndose hasta alcanzar una vida libre de violencia. Lo más importante es recalcar que seguiremos esta lucha hasta que la dignidad se haga costumbre.

Muchos piensan que una marcha o un paro no cambia nada, pero ningún movimiento ha provocado resultados instantáneos. Es un proceso que requiere constancia y las mujeres lo estamos haciendo, alzamos la voz por aquellas que ya no pueden, por ellas que no creen en el movimiento y por las que siguen nuestros pasos. Se trata de un movimiento que no se deja, que sigue en pie de lucha, contagiando ese sentimiento unas a otras. Un sentimiento que ha inundado a diversas áreas donde se espera un cambio, pero no aquel que solo dura un día, una temporada, sino que ese cambio se debe de quedar. Su perpetuidad es necesaria para que esta sociedad avance.

Hago referencia a la palabra revolución porque con ella esperamos mejores condiciones para todas, en el que se contemple la perspectiva de género, se atienda a la brevedad los casos de violencia y se dé un seguimiento real a las injusticias. Pues al parecer estamos frente a una justicia selectiva y un claro ejemplo de ello es el caso de la saxofonista María Elena Ríos. Atacada con ácido con la intención de producirle la muerte. La razón, una venganza por abandonar a su expareja. María Elena tuvo que enfrentarse además de su agresor a una atención médica y legal limitada. Su agresor, Juan Vera Carrizal, empresario y político, persona adinerada y al parecer con la «justicia mexicana» de su lado. Simplemente por su posición económica y política.

Pareciera que el dinero te hace intocable. Se puede sugerir que en México los que tienen mayores ingresos ostentan entre sus privilegios, saltarse la ley. Y es que la eficacia de las autoridades sigue sin resaltar en este tipo de casos. A propósito, o por simple ineptitud. En cambio, la sociedad civil se ha visto más activa y participativa, lo que ha ayudado a generar presión social para que las autoridades respondan. Esta presión social, denuncia masiva y difusión de injusticias se ha vuelto nuestra arma más fuerte, cuando en realidad debería de ser la ley.  

Este no es el único caso, los nombres de los agresores son infinitos, algunos sonados, la mayoría olvidados. En cambio, a las víctimas se les ha callado, y las que denunciaron en su mayoría son ignoradas. Las autoridades parece que no actúan hasta que la presión social escala a magnitudes increíbles ¿Qué es lo que sigue en nuestra lucha? Hasta que la dignidad se haga costumbre finalizaremos nuestro actuar. Pero sabemos que eso no sucederá de un día para otro, por eso mientras llega ese día, nosotras seguiremos investigando, difundiendo, presionando a las autoridades pero sobre todo dándole voz a víctimas.

Deja un comentario