COVID-19 Y LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LÍNEA

La pandemia a puesto en jaque al sistema educativo pero podríamos sacar provecho de esta situación. Superar la demanda masiva y la democratización de la educación está más cerca de lo que imaginamos.

Dicen los politólogos que los problemas sociales, si no se atienden en el momento preciso, pueden convertirse en políticos, es decir, se altera la gobernanza y de paso se afecta a la economía, por decir lo menos.  Ése es uno de los riesgos de la desatención federal, estatal y municipal, que padecen miles de jóvenes (las becas son un paliativo). Y algo de esto se asocia con los recientes saqueos y robos en pandilla, en perjuicio de pequeños comercios y supermercados. Cometidos en el altiplano por parte de algunos adolescentes durante la cuarta semana de marzo, cuando millones de azorados mexicanos esperaban lo peor debido a los contagios y muertes provocadas por el COVID-19.

Así, mientras por un lado observábamos errores u omisiones y, por el otro, había propuestas atendibles e incluso aciertos, nos quedó claro que, superada la pandemia, ahora debíamos prepararnos para la transformación que necesita el país. Porque, después de la pandemia, muchas cosas tienen que cambiar, tanto en lo social, como en lo político, lo económico y lo cultural. Tienen que abrirse espacios a la participación social efectiva, no simulada, para los grupos juveniles, además de finalizar las polémicas distópicas e inculpaciones lanzadas por quienes se creen los buenos de la historieta y están en lucha incansable en contra de los que son muy malos, por pensar distinto de los “buenos”.

Al respecto, por la reciente cuarentena poco planificada que hemos vivido en las zonas urbanas del país, también afloraron los urgentes cambios requeridos en el ámbito de la educación superior, entre otras, encomendada a la UNAM. Efectivamente, ante la desmovilización de sus más de 360 mil alumnos, que dejaron de asistir a sus aulas a recibir clases presenciales, la Universidad Nacional ha estado obligada, a partir de lo mandatado por las leyes que la regulan, a enfrentar la emergencia de salud pública. Pero lo ha hecho mediante acciones no siempre coordinadas e integrales, pues cada escuela, colegio, facultad e institutos, ha hecho lo que ha podido, esto sin hablar de lo que ocurre con los espacios que están en manos de grupos que demandan protección contra el machismo. A todo esto, debe ponerse fin, con o sin pandemias de por medio, para así adelantarse a lo que está por venir.  

Y lo que está por llegar es la adaptación de la UNAM a las políticas públicas del gobierno federal en turno, las cuales gravitan, por lo menos entre dos tendencias, una que considera a la educación universitaria como un medio para lograr un mejor estatus y prestigio social, a partir de algo similar a un derecho universal (como si fuera parte de los derechos humanos), por lo cual no debe haber restricciones para quienes deseen obtener una licenciatura más o menos liberal e impregnada de individualismo, sin que por fuerza tenga conexión con el mercado de trabajo; por lo mismo, se trataría de que la Universidad sea de puertas abiertas para quienes cumplan con un mínimo de requisitos.

La otra corriente que trata de incidir en los centros de estudio superiores es la del siglo XXI, la cual toma en cuenta los retos y demandas, entre otros, del sector productivo, por lo que requiere de alumnos formados en competencias sociales a quienes las universidades deben ofrecerles la personalización del aprendizaje (adaptado y centrado en el alumno), por lo que se requiere que el alumnado disponga de habilidades para manejar las herramientas, conexiones y servicios que les permitan gestionar sus avances y comunicarse con otros durante el proceso de aprendizaje y su aplicación en la sociedad.

Relacionado con lo anterior, parte de lo que tiene que tomarse en cuenta, independientemente del nuevo modelo universitario que se implante, es que la UNAM le ponga mayor énfasis a los sistemas educativos abiertos y a distancia, para que se reduzcan los cursos presenciales, a fin de cubrir la demanda masiva y democrática de ingreso a la Universidad que se avecina después de la pandemia y sus cuarentenas. De hecho, ya se tienen avances en la materia, pues, de acuerdo al Portal de Estadística Universitaria, los sistemas abiertos y en línea han crecido un poco más del 50 por ciento en ocho años; y ahora, cuando los estudiantes han estado recluidos en sus casas, debió aumentar el número de usuarios de las plataformas educativas. Ante ello, lo ya anotado puede darnos una idea acerca de los cambios que se avecinan en la educación superior y por eso ya casi nadie hablaría de rechazados y sobredemanda en la Universidad Nacional.

Deja un comentario