Populismo y la 4ta transformación

La política no marcha bien, ni en el ámbito nacional ni en el mundial. Lo que dijo Fukuyama a principios de los años noventa, acerca del fin de la historia y el advenimiento de la democracia liberal como doctrina universal, treinta años después en el 2020, suena más a ironía que a verdad. El apogeo del populismo es un reflejo: Donald Trump en Estados Unidos; Jair Bolsonaro en Brasil; Nicolás Maduro en Venezuela; Daniel Ortega en Nicaragua; Marine Le Pen en Francia; Boris Jonhson en Reino Unido; Vladímir Putin en Rusia y López Obrador en México.

Este fenómeno populista es un indicador del peligro en el que estamos parados. La repulsión por la democracia y la aversión a la economía de libre mercado define a estos líderes. Según Jan-Werner Müller ՙՙEl populismo es una peculiar imaginación moralista de la política, una forma de percibir el mundo político que sitúa a un pueblo moralmente puro y totalmente unido (…) en contra de las élites consideradas corruptas o moralmente inferiores de alguna otra forma (…) además de ser antielitistas, los populistas son siempre antipluralistas: aseveran que ellos, y sólo ellos, representan al pueblo՚՚ (¿Qué es el populismo?).

Esta tentación populista a la que hemos llegado está determinada por los ganadores y los perdedores. La globalización trajo consigo modernización y mejoras en la calidad de vida para una gran parte de la población, pero también marginación en los sectores excluidos en este proceso. Fueron los perdedores, los que abrazaron el sueño populista de revancha que encarnaron Trump, López Obrador, Jair Bolsonaro y Boris Jonhson.  ՙՙMake America Great Again՚՚, ՙՙJuntos haremos historia՚՚, ՙՙBrasil acima de tudo, deus acima de todos՚՚ y ՙՙDo or die՚՚, se convirtieron en la salida populista al problema.

Desde el punto de vista del politólogo inglés John Gray (Letras libres, núm. 237) «No se ha generado ningún remedio efectivo para los costes humanos, las víctimas humanas de la globalización. Y eso crea una oportunidad para demagogos de la derecha y de la izquierda. Ofrecen soluciones ilusorias, como hacen Jeremy Corbyn y Donald Trump, pero tienen seguidores porque los liberales no tienen nada que ofrecer, se limitan a decir que necesitamos más educación, que tenemos que seguir en esta clase de globalización. Muchas personas de nuestra sociedad están muy descontentas. Quizá mayorías՚՚.

Lo mismo observa la politóloga mexicana Soledad Loaeza, en su artículo ՙՙEl incierto mundo del siglo XXI՚՚ para la revista Nexos ՙՙEl resultado de la globalización y del fin del socialismo soviético no fue la homogeneidad liberal, si es que existe, reforzada por la desaparición de las fronteras comerciales, sino que más bien provocó el estallido de las diversas reacciones a los efectos de esas grandes causas, en particular a la división entre ganadores y perdedores de la globalización՚՚.

Los populistas aprovechando estas condiciones sociales transforman el entorno de los votantes prometiendo ilusiones que nunca se cumplirán. Una vez en el cargo destruyen las democracias degradando sus valores a fuerza de voluntad y golpes de mesa. La marea populista es la reinvención del iliberalismo. Cuando las democracias no cumplen con las expectativas de las mayorías, el riesgo se eleva. Las mayorías, caen ante el canto populista de grandeza y utopía, sacrificando su endeble democracia.

En 2018, México vivió este escenario cuando los votantes le entregaron el poder a un populista. Ese año fue el año la revuelta del revanchismo obradorista. Al respecto, dice Héctor Aguilar Camín ՙՙLa revuelta mexicana no tiene los tintes racistas, antimigratorios, de la oleada mundial. Tampoco está montada en sentimientos xenófobos, el ascenso de una derecha religiosa intolerante y activa, o de una izquierda delirante, castrochavista. No falta nada de esto en la mezcla, pero no son rasgos dominantes de ella. Los revulsivos de la oleada mexicana son la corrupción, la impunidad y el hartazgo antisistema: el rechazo, por sus resultados, a los gobiernos, a los partidos, a las instituciones y sus frutos՚՚ (https://www.nexos.com.mx/?p=37769).

La revuelta obradorista busca regresar al estado corporativo que construyó Lázaro Cárdenas en los años treinta del siglo pasado. Ese modelo autoritario del que se desprendió el mito del «nacionalismo revolucionario». Esa añoranza al presidencialismo en López Obrador es resultado de su ՙՙamor por la historia՚՚, como lo define Ricardo Raphael (Letras libres, núm. 241).

Cuando López Obrador, sube a la tribuna se hace con el control de sus oyentes, a través de sus discursos demuestra que es el jefe de las plazas públicas: aplausos; proclamas; rituales y la necesidad de su liderazgo. Como expresó el diario londinense The economist a finales de febrero ՙՙMéxico necesita estrategias de estado, pero su presidente ofrece teatro՚՚.

Todas las mañanas somos testigos de que el estilo de gobernar del presidente es la división entre el ՙՙpueblo bueno՚՚ y los ՙՙconservadores malos՚՚. La mañanera pasó de ser un ejercicio de comunicación a una guillotina contra los que piensan diferente: la prensa, los políticos, la sociedad civil, los miembros de su gabinete, los empresarios, los expresidentes, los gobernadores, los escritores incluso los artistas.

En lo que va del año, López Obrador canceló un proyecto económico de gran envergadura (Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México), abolió la reforma educativa de Peña Nieto, puso en venta el avión presidencial por medio de una supuesta rifa, edificó una clientela política con la ayuda de los programas sociales para asegurar la supervivencia de su proyecto ՙՙtransformador՚՚, mutiló la burocracia procediendo irresponsablemente. Con las consultas ciudadanas, halló el artefacto perfecto para aniquilar la democracia de manera elegante, apelando a la voluntad popular o sea la voluntad de su séquito.

La democracia mexicana está amenazada al supeditar su funcionamiento a la figura de un hombre que se cree iluminado. En vez de avanzar hacia una democracia más incluyente y equilibrada, retornamos a una democracia de corte clientelista. Lo que López Obrador está desmontando con su cuarta transformación es el régimen político más no el sistema político que rige de modo informal la política mexicana. Hasta que no se desarme esta república mafiosa, no podremos hablar de un cambio verdadero, solamente podremos hablar de la política ficción de uno de los populistas más grandes en la vida pública del país. 


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