Descifrando a Andrés Manuel

El nombre Andrés Manuel López Obrador resuena día y noche en cada rincón de México desde hace 20 años pero muy pocos logran entender lo que realmente significa.

  • ¿Por qué no toma en serio las medidas de salubridad e higiene, que tanto la Secretaría de Salud así como la OMS han establecido a causa del COVID-19?
  • ¿Por qué se comporta públicamente de una manera tan pueril para la magnitud de la responsabilidad que le compete?
  •  ¿Por qué continúa haciendo campaña política para él y su partido?
  • ¿Por qué hace una política diferente a la que estábamos acostumbrada/os?
  • ¿Por qué pareciera que tiene dominado el poder mediático y que su palabra es la única con verdad y validez?

Todas estas preguntas nos las hemos formulado alguna vez, quizá las escuchamos durante una plática familiar, en el transporte público o simplemente en los medios de comunicación. En esta ocasión, las anteriores formulaciones expuestas tendrán respuesta en dicho orden en éste artículo.

Primeramente, debemos recordar las características del presidente; perder cámara no es su fuerte, estar en el anonimato tampoco lo es, es una persona que a lo largo de los años ha demostrado estar en constante flujo mediático y le ha funcionado. Por eso, vemos que sigue saludando, abrazando y convocando grandes multitudes para continuar con su propaganda sin respetar las indicaciones de salubridad. El presidente quiere mostrarse fuerte, que está en condiciones de poder llevar a cabo el sexenio completo sin dificultades, quiere demostrar que lo que sus adversarios políticos hablaron alguna vez acerca de sus enfermedades y edad no son verdad, la imagen que quiere compartir es la de una persona sana, con fuerza y valiente.

Así pues, el primer punto y el más importante debido al contexto que presenciamos mundialmente, radica en que el presidente Andrés Manuel llegó a la presidencia de nuestro país con un porcentaje del 53.3% de los votos, lo cual representó poco más de 30 millones de sufragios a su favor. Con ésto podemos  notar la importancia que tiene para él preservar una imagen positiva en todo momento, pues es el principal objetivo del equipo de imagen del presidente. Todo con el fin de que no se propague el caos, de que las inversiones no se alejen, los medios de comunicación no compartan información negativa, que no se eleven aún más los casos violentos, y por supuesto lo que más le interesa evitar; que su aprobación caiga y en las próximas elecciones su partido no obtenga el triunfo. Dar confianza que vamos por buen rumbo aunque esto sea totalmente erróneo.

En la actualidad, vemos a presidentes mediáticos como Donald J. Trump, Vladimir Putin, Kim Jong- Un, Jair Bolsonaro, Nicolás Maduro o nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, exponer su vida a cuestiones mediáticas, que van desde declaraciones hasta actos. Ante ello, podemos analizar que el constante flujo de noticias es vital para el tipo de política contemporánea, una política más dirigida por el cómo lo dice que por el qué dice, una política establecida en la imagen pública, en el mensaje retórico, en el ademán, en la polémica y con esto se establece que la comunicación es ahora una parte vital en todo sentido para la política.

Y se debe decir que Andrés Manuel vive de ello en estos días, desviando información y tomando reflector con temas poco relevantes pero que el mismo público le da importancia y continúa con su reproducción, dígase rifa del avión presidencial, dígase temas de béisbol, dígase temas de corrupción (principal bandera de su campaña) y recientemente con escapularios y rosarios para protegerse del COVID-19.

El nuevo estilo de liderazgo presidencial, es gobernar como si se estuviera siempre en campaña electoral. Ni el presidente ni los medios tienen la intención o capacidad de desembarazarse de la experiencia de campaña (Grossman 1995,159). Dicha cita demuestra el gran lazo de unión entre el poder estatal, el poder de los medios de comunicación y el pueblo. Ante ello, Obrador continúa dándole vital importancia a su promoción porque romper con dicha unión entre estos tres factores sería perder escena, oportunidades y seguidores. Dejar un espacio vacío en la política representaría una equivocación fuerte para el sistema que emplea el presidente en el cual uno de sus objetivos es quitarle el mayor número posible escenarios victoriosos a la oposición.

El siguiente punto recolecta una queja  muy cotidiana cuando se ven las noticias a nivel mundial, cuando hacemos comparación a otros sistemas políticos y nos surge la pregunta de ¿Por qué nuestro presidente no es como el suyo? Primeramente, debemos establecer las diferencias, pues nuestro modelo presidencial, económico ni social es el mismo que el de la gran mayoría de países europeos ni algunos de América.

También se debe decir que Obrador es un político en gran sentido, pues no sólo desempeña el cargo ejecutivo, sino que está diseñando un aparato estatal a conveniencia del tipo de política que desempeña, esto puede gustarnos o no, pero la realidad es que no es un economista, tampoco es un abogado, ni mucho menos un empresario, hemos estado acostumbrada/os a llevar una política occidental y con un libre mercado, donde las empresas extranjeras tienen mayores facilidades y las inversiones son altas a costa de la mano de obra barata mexicana, sólo por tomar un ejemplo.

No obstante, Obrador es firme creyente de las políticas asistencialistas, en donde el gobierno crea políticas para beneficiar o fortalecer los sectores menos protegidos por políticas como las anteriores descritas. Esto no quiere decir que nuestro presidente no tenga que tomar medidas a nivel general, pues parece que son más que necesarias y sigue optando por mostrar esa doble cara al mantenerse a favor del pueblo; de querer lo nacional y no lo extranjero, de ser tolerante con las y los delincuentes porque son humanos y merecen tolerancia, de ser y no ser a la vez, de no establecer una línea y confundir aún más a la población, generando desconfianza y negación, en pocas palabras genera un sentimiento de ausencia de liderazgo y congruencia.

Finalmente, algo que el presidente ha hecho a lo largo de su mandato es el desactivar el poder mediático, el dominarlo y ser él el foco de atención durante todos los días en punto de las 07:00 AM. El lazo entre los tres factores (gubernamental, mediático y público) lo ha aprovechado y se convirtió en los dos primeros, ahora es él el que brinda la información, ya no hay intermediaria/os, ahora las noticias giran en torno a él y lo que salga a hacer y decir, casi siempre con un ademán o una sátira poco responsable para su cargo.

De tal manera que, la comunicación que se brinda de parte del poder ejecutivo todas las mañanas se divide en dos vertientes principalmente; la pública y la política. Las decisiones propias del poder ejecutivo, tales como decretos, reglamentos aplicativos de las leyes, decisiones de tipo operativo, nombramientos, es decir, toda la actuación que conocemos como Policy, se considera pública (Mazzoleni, 2010, 60). Mientras que la política va más dirigida hacia sus adversarios o coaliciones y con el sistema de medios.

Con ésto nos queda claro que no todo lo que sale a decir es específicamente lo que ocurre, ni mucho menos lo que en verdad nos debe de interesar. Andrés Manuel es siniestro, es un político a la antigua, un político hecho hasta la raíz, con múltiples facetas y que no es fácil de descifrar.

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