Seguridad: NO depende de una ideología.

“El cuerpo aparece como un archivo de la historia del sujeto. El cuerpo como expresión de la memoria familiar de los vínculos, es una manifestación de una novela construida entre todos. El cuerpo no olvida, se almacenan en el experiencias, emociones, recuerdos, traumas. En otras ocasiones el cuerpo responde a la palabra, a las voces que indican acciones a seguir…”

Lidia Fernández

Hoy en día, hablar de seguridad sin considerar una perspectiva de género es totalmente inútil, pues la realidad social que embarga al país, evidentemente lleva a la población a distinguir las causas y consigo el devenir en El Progreso de la misma sociedad, pues ante la apatía en diversos temas, entre los cuales está presente el de seguridad, no permite tratarlos por el mismo ente social.

Hablar del tema de seguridad, es hablar de un tema de Derechos Humanos, un derecho que protege la vida, la integridad y el patrimonio de las personas, así como el contribuir a la generación y preservación del orden público, conforme al artículo 21 constitucional, situación que debe ser tutelada y garantizada por el Estado. Sin embargo, hoy en día nos encontramos con el lamentable e indignante hecho que la seguridad no es garantizada por el Ente que promete hacerlo.

Pero, ¿la obligación del Estado mexicano a garantizarla está separada del deber social que tenemos el pueblo mexicano por preservarla?

Si bien, el derecho de seguridad en primera instancia es un deber del Estado, es evidente que el mismo debe ser atendido por los que conformamos el elemento humano del mismo: el pueblo. Si consideramos que es un derecho humano, y humanos son hombres y mujeres, nos corresponde velar por el cumplimiento igualitario y eficiente para los dos géneros.

Si en forma marcada y parcial nos preocupamos por el bienestar de uno de los géneros por el hecho de vivir en un entorno social que lo favorece desde la formación de la misma sociedad, nos vemos limitados en nuestro valor y calidad humana.

La misma apatía ha generado que las desapariciones, feminicidios, violaciones y acoso hacia las mujeres se vuelva en una enfermedad transgeneracional que se agudiza en cada generación a la que es heredada. Situación que ha puesto en un estado de vulnerabilidad e indefensión al mismo género femenino, que da como resultado en la individualidad de cada mujer que sufre algún tipo de agresión, un daño irreversible y secuelas que le impiden un pleno desarrollo.

Si percibimos decadencia en la misma sociedad, debemos tomar en cuenta a la educación, pues educación es igual a la enseñanza de valores, valores como la empatía y el respeto, empatía que permite sentir lo que los demás sienten sin la necesidad de vivirlo, empatía que nos obliga a hacer lo posible en nuestro entorno para cambiar la realidad. Si la participación por medio de la solidaridad la vivimos todos, no por una ideología, no por egoísmo, no por venganza, sino por fraternidad, el cambio vendrá.

No debemos postergar la toma de acciones para cambiar, tomar conciencia y dejar de tomar al miedo como una constante en la vida de las mujeres.