Hablemos de corrupción

Según el Diccionario de la Lengua Española, la corrupción es una ՙՙ…práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores՚՚ que se da ՙՙ en las organizaciones, especialmente en las públicas՚՚. La corrupción se entiende entonces como un asunto extrajudicial dentro de una institución y para su ejercicio se requiere a más de una persona. No hay corrupción en lo unipersonal.

Por otro lado, en el Diccionario de política escrito por Norberto Bobbio (en el cual colaboraron Gianfranco Pasquino y Nicola Matteucci), el término corrupción se amplía más ՙՙ…es el fenómeno por el cual un servidor público es llevado a actuar de manera diferente a los estándares normativos del sistema, favoreciendo intereses particulares a cambio de una recompensa. Por lo tanto, corrupto es el comportamiento ilegal de aquellos que juegan un papel en la estructura del Estado՚՚.

Como se puede observar, la corrupción gravita en torno a la vida pública de un país y ataca principalmente a la administración pública al ser esta la que controla los bienes y servicios de la sociedad. La corrupción, es un fenómeno sistémico que no sólo se debe juzgar desde los aspectos morales sino también desde los parámetros de la efectividad anticorrupción. Así, todo problema que inmiscuya una conducta desviada dentro de la vida pública o institucional no será más que un hecho que refleja la debilidad de los candados institucionales.

Hablar de corrupción, es hablar al mismo tiempo de instituciones, de sistemas políticos, de conductas ilegales en los individuos. La corrupción no es un acto espontáneo, se construye ante el enflaquecimiento de las autoridades, ante la falta de controles que la contengan. Ahí donde la corrupción está presente la ilegalidad es catalizador. La voluntad o las buenas intenciones no serán medidas tan efectivas para liquidar la corrupción. El problema del combate a la corrupción es ético pero igualmente técnico.

La corrupción contamina y despedaza los marcos institucionales. Quebranta las reglas del juego y envicia la estructura sistémica legal. Si las instituciones son creaciones humanas, la corrupción es a la vez otra creación humana anexa a toda organización. Desde la URSS de Joseph Stalin hasta el gobierno liberal de Angela Merkel, la corrupción se halla pertrecha para intoxicar ahí donde se le permite su libre tránsito. Como definió Edward Gibbon ՙՙ…la corrupción es el síntoma más infalible de la libertad constitucional՚՚.

Para la vida pública de un país la corrupción es un peligro serio. Pues desequilibra los incentivos institucionales que son necesarios en el intercambio humano. La corrupción no sólo está vinculada al grado de institucionalización, la amplitud del sector público y el ritmo del cambio social; también está relacionado con la cultura de las élites y las masas. 

La corrupción es un mecanismo que permite a los actores participantes maximizar sus intereses. Quizá es el determinante más destacado, pues nadie sería corrupto sino tuviera incentivos positivos. Una vez que entendamos que la corrupción germina por la ineficiencia técnica y no por la falta de virtud de las personas, podremos empezar a trabajar para mitigar su mal. No se puede terminar con ella, pero si aproximarse a una reducción exponencial en la materia.

El triunfo de la corrupción se valida cuando el sistema político ha sido quebrantado en sus instituciones; cuando el gobierno fue neutralizado por los intereses privados, cuando la ética pública -límite que impide que una determinada moral privada quiera imponerse a las demás mediante el uso del poder- se desdibuja en los individuos para automatizar el latrocinio y el enflaquecimiento de los más desfavorecidos.

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