La caída del “súper-policía”

Durante mucho tiempo Genaro García Luna, fue un funcionario de gobierno extremadamente poderoso. Doce años en los intestinos de la seguridad pública mexicana le granjearon una carrera de “supuestos” éxitos en la materia, como ser reconocido por agencias de seguridad americanas por su mérito a la labor de “súper-policía”. Para cualquier burócrata gubernamental representa la gloria en su máxima expresión y esa gloria le pertenecía a García Luna. Sería el día 9 de diciembre de 2019, cuando el “súper-policía” caía de la suntuosa gloria de impunidad. La justicia americana lo requirió. Su detención se daba en el mismo país americano donde residía. Hoy, está enfrentado cuatro cargos que se le imputan, el más importante es de vínculos con el crimen organizado en especial con el cártel de Sinaloa.

Genaro García Luna nació en la Ciudad de México en 1967; estudió la carrera de ingeniería mecánica en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM); de 1989 a 1999 se desempeñó en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN); en 1999 ingresó en la Policía Federal Preventiva (PFP); en 2001 el gobierno del entonces presidente de la república Vicente Fox Quesada lo nombró titular de la recién creada Agencia Federal de Investigación (AFI); de 2006 a 2012 estuvo al frente de la Secretaria de Seguridad Pública Federal (SSP); todo un camino recorrido en la rama de la seguridad nacional. (https://politica.expansion.mx/mexico/2019/12/10/quien-es-genaro-garcia-luna).

Pero la carrera del “súper-policía” no es tan honorable como se pensó o se sigue pensando, pues la periodista Anabel Hernández desmontó la “honorabilidad” del hombre que “combatió a sangre y fuego” al crimen organizado. En tres libros que fueron para el funcionario un balde de agua fría, la periodista retrata de cuerpo entero al encargado de velar por la seguridad de los mexicanos en dos sexenios. Los cómplices del presidente (Grijalbo, 2008); Los señores del narco (Grijalbo, 2010) y México en llamas (Grijalbo, 2012), son las investigaciones que se adentraron en los subsuelos de la política y la mafia en México, hallando una cloaca de complicidades entre agentes de gobierno y delincuentes de alto peso (capos del narcotráfico). García Luna, es la pieza clave en los tres libros, sin él no se puede entender el entretejido gobierno-delincuencia organizada que a lo largo de los años disparó la corrupción en las instituciones encargadas de la seguridad pública.

Genaro García Luna, no alcanzó la edificación de su imperio de corrupción él sólo, en la administración calderonista (2006-2012) tuvo un grupo cercano que cooperó, protegió y se benefició del entramado mafioso, ellos también deben enfrentar la justicia, su caída no debe de ser en vano. Estos son los personajes que acompañaron al “súperpolicía” en sus andanzas, hasta la fecha unos gozan de impunidad y otros fueron ultimados por el crimen organizado: Luis Cárdenas Palomino alias El Pollo (señalado de trabajar para el cártel de Sinaloa y para los Beltrán Leyva); Facundo Rosas Rosas alias El Terminator (acusado de tener vínculos con la Comandante Lore perteneciente a la banda de secuestradores La flor); Lizeth Parra Salazar (sin méritos en materia de seguridad ocupó diferentes cargos en la institución); Maribel Cervantes (responsable de la emboscada a funcionarios estadounidenses en Morelos en 2012); Blanca Rocio Medina Barrera (fue la caja fuerte de los secretos del flamante secretario de seguridad); Benito Roa Lara (acusado de estar vinculado con los secuestros de Eduardo García Valseca en 2007 y Silvia Vargas hija de Nelson Vargas en 2008); Armando Espinosa de Benito (acusado de recibir sobornos del cártel de Sinaloa); Édgar Millán (acusado de ser sobornado por el crimen organizado y recibir órdenes del cártel de Sinaloa fue ejecutado en 2008); Igor Labastida ( acusado de vínculos con el narcotraficante George Khouri Layón alias El koki fue ejecutado en 2008); Gerardo Garay Cadena (acusado de trabajar para el cártel de Sinaloa preso en 2008 salió libre en 2012); Francisco Javier Garza Palacios alias El Frutilupis (acusado de permitir el paso a un convoy de camionetas que asesinaron a policías en el estado de Sonora mientras él era comisionado en 2007); Francisco Gómez Meza (acusado de trabajar para el cártel de Sinaloa hoy preso en el penal de Puente Grande, Jalisco); Mario Velarde (secretario en su tiempo de García Luna, fue acusado de trabajar para el cártel de Sinaloa); Luis Manuel Becerril Mina (acusado de trabajar para el cártel de Sinaloa fue detenido en 2010) y finalmente Roberto Reyna Delgado (vinculado de trabajar para el cártel de Sinaloa).

Está claro, García Luna tiene que pagar todo el daño infringido a los mexicanos, víctimas de su policía corrupta al imponer un período de terror en la supuesta “guerra contras las drogas”, mientras él y los suyos se enriquecieron y simulaban decorosamente detenciones de narcotraficantes; confiscaciones de droga y los tristemente célebres montajes televisivos. Con su juicio en los Estados Unidos, se abrirá la caja de pandora. En frente tiene a un fiscal de hierro Richard P. Donoghue, que piensa desmantelar la red de corrupción no importando el peso de los acusados. Es razonable sentar en el banquillo de los acusados al oscuro García Luna, pues el huevo de la serpiente aún está fecundo.

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